viernes, 30 de marzo de 2012

The Great Pretender


Yo le veía a contraluz ¿vale? y teníamos unos focos enormes apuntándonos a la cara, un montón de watios (que eso era otra manía suya, no entiendo por qué quería luces tan potentes, siempre acabábamos sudando). Bueno el tema es que yo le veía de espaldas, como en todos los conciertos, muy cerca siempre del borde del escenario y un poco inclinado hacia el público; por cierto ese día llenamos mucho más de lo que esperábamos, quizás por eso estaba tan eufórico. Bueno pues va el tío y al acabar Only you, que se supone que tenía que ser el último tema del concierto, se me acerca y me dice que le diga al técnico que prepare el playback para The Great Pretender. Joder y voy yo y le digo que qué coño dice, que sabe que no hemos preparado ese tema juntos desde hace meses y que no va a salir, y él me viene con esa puta sonrisa encantadora que usa con sus fans adolescentes y me dice que “tranquilo tío”, que es un tema sencillo y que su voz estará grabada, que solo tenemos que tocar a tempo y listo. Y yo le digo que no pienso tocar eso sin oír antes su grabación, que él siempre se adelanta un tiempo en el estribillo y lo desencaja todo. Y todo esto en el escenario ¿sabes? Con la gente aplaudiendo ahí, que ya se debía estar preguntando qué coño pasaba, aunque no se dieran cuenta de lo agresiva que era la conversación, porque ahora él les daba la espalda y hablaba un poco encorvado para poner su cabeza a la altura de la mía. Debían estar pensando que estábamos decidiendo el bis, y joder si lo estábamos decidiendo. Bueno pues yo le digo eso y él me suelta que el que me atraso al entrar soy yo, que aprenda a seguir la batería, y va y hace un gesto por encima de mí, directamente al técnico, que seguro que ya sospechaba que algo raro estaba pasando pero era un idiota total y ni se había planteado si debería hacer algo por amenizar esa pausa misteriosa y sacar a flote el show; el típico estudiante de audiovisuales o alguna mierda así ¿sabes?, el típico estudiante al que le da igual hacer su trabajo de forma mediocre si no le despiden por ello, un profesional pésimo por el que Freddie había apostado inexplicablemente. Bueno pues va el tío y le dice gesticulando exageradamente “The Great Pretender” al bobo del estudiante-técnico, que sonríe y le responde con un gesto de ok simulando profesionalidad. Y yo ahí justo en medio, totalmente flipado ¿te lo imaginas? Que no me lo podía creer – el hombre rubio de mediana estatura resopla ligeramente y mueve la cabeza indicando desaprobación-. Pues voy y le digo “no pienso tocar esto, saluda y bajamos”, y él me dice “aquí decido yo y esto se acaba con The Great Pretender. Si no te gusta, puedes venir a clavarme la Stratocaster en la espalda”. Joder y yo me quedo totalmente flipado, como en shock ¿sabes? Nunca me había hablado así, o sea ya sabes como es Freddie pero nunca había sido tan hijo de puta conmigo o con alguien de la banda. Entonces empieza a andar hacia su micro, pero da media vuelta y se dirige hacia mí otra vez y va el cabrón y me dice: “no la cagues ¿e?”¡¡¡No la cagues!!!- el hombre rubio abre ostensiblemente sus ojos en una mueca de sorpresa muda y en su frente aparecen cuatro largas arrugas en forma de M -. Te lo juro tío, si hubiese tenido en ese momento un arma te juro que le volaba la puta cabeza. ¡La puta cabeza! Además el tío se tomó una pausa para decirlo ¿sabes?, y sonrió justo después, como dándose cuenta de que había soltado una frase lapidaria que yo contaría en mis memorias en las que él sería el protagonista.

Bueno pues ¿qué voy a hacer? me giro para indicar el tempo al batería, de una forma en la que el técnico puede ver lo que digo, pero no tengo la necesidad de mirarle a la cara para lograrlo, y así no acepto mi derrota ante su alianza conspiratoria con el cabrón de Freddie. El batería me da el ok y empezamos, siete compases y entra su voz en la anacrusa del último compás, con el oh-oh que tanto exageraba, como remarcando su virtuosismo solo porque podía hacer una puta segunda. En ese momento yo voy tocando al ritmo que me toca, pero tengo en la cabeza eso que me ha dicho antes, “no la cagues”,  pienso que es él el que siempre la caga, qué coño me dice a mí. Estoy tenso, noto dolor en los tendones de la mano izquierda por apretar demasiado, y me pongo más histérico cuando le veo de espaldas, de pie, como le veo siempre. Su silueta se mueve a contraluz, se mueve bien, ¿le has visto alguna vez en directo? En ese momento pienso que el tío es bueno, que tiene talento en lo suyo aunque la edad le obligue a hacer playback. Es justo ahí cuando empieza a girarse ligeramente hacia nosotros, y me temo que haga alguna mierda de las suyas como acercarme el micro o hacer como que toca a mi lado con una guitarra invisible, pero se gira y no hace nada de eso: simplemente me dirige la mirada, y se acerca el dedo índice a la oreja como queriendo decir “escucha esto”, y en ese momento suena: “pretending that I’m doing well”. Y Juro que sus ojos brillaron al decirlo, lo juro, en una mueca de superioridad insoportable. Joder, sabía que eso me iba a volver loco, y en ese momento ni siquiera se quedó esperando mi reacción, volvió a dar la cara al público rápidamente., como sabiendo que acababa de ganar el segundo round ¿Te lo imaginas o no? ¡¡¡El tío solo lo hizo para provocar!!!- el hombre rubio de gafas de pasta se frota los ojos usando índice y pulgar, elevando la montura, y escribe algo en su libreta- . El tío no podía dejar de ser un maldito capullo ni cuando hacía lo único bueno que sabía hacer. Bueno aún así yo seguí tocando, pero realmente cabreado, a veces miraba al batería y a los demás músicos, pero nadie me devolvía la mirada. Todos parecían estar en una especie de trance de aburrimiento total, totalmente al margen del concierto y del conflicto. Si todo hubiese quedado ahí creo que me habría ido cabreado a casa y con unas cervezas se me habría pasado, pero el cabrón siguió. Todo el puto tema girándose y mirándome, como sonriendo, como buscando una complicidad rara. Los demás músicos no hacían una mierda aunque seguro que se daban cuenta de lo que pasaba, joder, ¡¡¡estaba pasando en sus putas caras!!! Pues bueno, el tío siguió ahí, dándole, con cada frase que podía malinterpretar me lanzaba una sonrisa: con “i'm lonely but no one can tell” igual, y yo cada vez más cabreado ¿sabes? Estaba empezando a  tocar cada vez más tenso, y a pensar menos en la canción y más en la próxima vez que se giraría. Además, cuando lo hacía no me dirigía su mirada a los ojos, estaba como pasando por encima de mí ¿sabes?, como diciendo “te estoy mirando a ti pero no necesito ni dirigirte la mirada”, como si yo fuera una mierda, como si estuviera hueco y prefiriera mirar detrás, a la zona donde estaba el gilipollas del técnico, pero qué mierda iba a mirar allí. Bueno pues así todo el rato, pero lo peor es que al llegar el estribillo (que por cierto a esas alturas ya habíamos tenido que ralentizar el tempo dos veces) se giró. Me miró. – el hombre rubio levanta la cabeza y mira por encima de sus gafas, esperando a que acabe la pausa enfática y continúe la narración- Y cantó: “just laughin' and gay like a clown” ¡Guiñándome un ojo y remarcando muchísimo el “GAY”! pero mucho, como casi paródico, gesticulando como un maricón y mirándome, subiendo las cejas y bajando los párpados, abriendo la boca. Eso me volvió loco, joder es que ¿te lo imaginas? Pues sí, yo estaba ido en ese momento, como totalmente agresivo pero intentando controlarme, así que me giré para no mirarle durante un momento, y ¿¿¿qué vi??? ¡¡¡Al gilipollas del técnico sonriendo, como totalmente embobado, dándose cuenta de todo y partiéndose el culo de mí!!! Entonces me di cuenta de todo, joder si habían grabado un playback sin nosotros significaba que lo habían grabado ellos dos SOLOS, que habían ido al estudio ellos dos SOLOS y lo habían pensado todo juntos desde el principio –el hombre rubio toma notas y le pide por favor que baje el tono de voz con un gesto con la mano izquierda, a lo que él obedece sin disminuir el ritmo de su relato- Que todo estaba preparado solo para tocarme las pelotas, esos cabrones habían preparado una trampa para reírse de mí, para ver mis muecas de odio allí, en medio del escenario, donde no podía hacer nada, allí en medio de ellos dos, que se partían de risa mientras yo me cagaba en sus muertos por no poder reaccionar.

(Nota pretenciosa del autor: en este último fragmento se recomienda escuchar el tema en cuestión  y leer a un ritmo de unas 4 palabras/segundo)


En ese momento se me paró el tiempo. Una sensación que no había sentido nunca, ya sabes que no tenía antecedentes ni líos violentos, lo habrás visto en mi ficha; esto era nuevo y sorprendentemente renovador: odio puro. Odio en dos dimensiones ¿sabes? No, no te lo puedes ni imaginar. – El hombre rubio adquiere una mueca de preocupación y mira al reloj- Recuerdo ese momento con más claridad que el resto de la noche: tengo su espalda en la cabeza y la guitarra en la mano. Pienso que si hago lo que estoy a punto de hacer, conseguiré una satisfacción brutal y las consecuencias me dan igual ahora que el ataque se presenta irremediable. A pesar del estado de furia ciega en el que me encontraba, recordaba su frase, “puedes venir a clavarme la stratocaster en la espalda” y mientras me dirigía hacia él, me planteaba fríamente a qué se refería exactamente. Si intentaba hundir el mástil en su espalda, todo se quedaría en una contusión con posible moretón sangrante y una desagradable sorpresa. ¡Sí tío! ¡Tu amigo también puede odiarte si eres un gilipollas! No voy a negar que deseara que viera mi cara al atacarle, pero más como última imagen que como incentivo de autoanálisis, al fin y al cabo yo quería sangre, no perdón. Me acuerdo que pensé que si le clavaba la Stratocaster de modo tangencial a la espalda, entrando por la base del cuello o por el coxis, la imagen sería de una belleza y una brutalidad escalofriantes. El mástil acoplado a la columna, o mejor aún, ¡sustituyendo a la columna! Sus vértebras  saliendo intactas mientras yo introducía la guitarra por debajo. ¿Has visto Predator? – El hombre rubio niega con la cabeza y pide concreción en la declaración- Bueno, yo estaba fuera de mí, como viéndolo todo, totalmente ausente e incapaz de parar lo que estaba a punto de suceder, entre otras cosas porque lo deseaba con todas mis fuerzas. Y desde ahí, todo a cámara lenta.

Recuerdo en ese momento todas sus gilipolleces y veo la fina línea de luz que dibuja el contorno de su cuerpo, moviéndose oscilantemente en un movimiento antiguo e hipnótico, un movimiento que me recuerda a los primeros conciertos de la banda, y pienso que qué coño me dice a mí, si él es el que siempre la caga, el que nunca lo asume. Parejas bailando frente a nosotros, besándose, inmersos en un mar de amor que irónicamente nosotros proporcionamos. Un movimiento que deja brillar las perlas de sudor que se acumulan en su melena, que saltan rítmicamente. Pienso que él fue el idiota que la cagó cuando vino ese mánager repeinado, y el que rechazó modificar las canciones para la discográfica. Y su cuerpo se contonea, y adivinando mi presencia, se gira levemente a la derecha, dejando ver su piel curtida, en una frontera iluminada y altamente contrastada por el foco que ahora me alcanza de refilón. I seem to be what i'm not, you see. Un chico mira a su novia y le besa en la mejilla, y ella le abraza con fuerza y ternura. Él dijo que no quería un saxo en el grupo y cuando el tipo de sonido nos dijo que “esto quedaría mejor con otro saxo”, él nos miró apretando los labios y moviendo la cabeza afirmativamente como dándose la razón. Capullo engreído. Siento la madera del mástil en mi mano izquierda, y me olvido del acorde para coger la guitarra con fuerza. Suelto el enganche de la correa y agarro el mástil también con la derecha, para empezar a dibujar una parábola perfecta casi desde el suelo, un swing que él ve venir un segundo antes, y que provoca en su cara un gesto de sorpresa extraña, una sorpresa real, una expresión de alguien que no espera un castigo. A partir de ahí solo recuerdo luz blanca y gritos y parejas con las caras desencajadas de terror y chicas hundiendo sus cabezas en los pechos de sus novios y sangre en mis manos y el cartel de “Freddie Color y los Infraseres en concierto” ondeando a lo lejos y al gilipollas del técnico llorando desconsoladamente en una reacción totalmente desproporcionada, apretándose la cara como el jodido grito de Munch, con la voz de Freddie sonando de fondo, sola, fuera de tempo, pretending that you're still around.

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