Un ser querido. Pleno. Educado. Civilizado. De los nuestros.
Una buena persona. Una buena persona reconocida. Internacionalmente. Ganadora
de concursos invisibles de buena persona. Con gran puntuación en ser buena
persona. Un diez. En todo. Galardones y fiestas VIP. El mejor. Lo Mejor. La
Bondad.
Pues oro parece plata no es. La Bondad toma conciencia de sí
misma. La gente le ama. Y el ama de vez en cuando pero nota que puede
entregarse menos, poner punto muerto y dejarse llevar. Conseguir lo mismo con
menos esfuerzo. Esfuerzo. No sabe con certeza
dónde estaba escondida esa palabra.
Al hacer caso a los demás y referirse a él mismo como Bueno,
ha abierto un baúl negro y mohoso en el fondo de algo en su interior. Un baúl
dejado ahí por alguien hace mucho tiempo. Pensaba encontrar algún tesoro
reluciente pero dentro solo hay barro.
Mira a los ojos y en un gesto aprendido a
fuerza de repetición, un gesto que parece habitual, dice lo que quieren
oír. Hace saber a todos que les ama como nadie les puede amar y que es buena
persona, la Bondad.
La historia es que no saca ningún beneficio de venderse.
Vender que es La Buena Persona. Pero el sabe que admitirlo, nombrarse como eso
supone una ventaja que puede usar en cualquier momento. No representa una
tentación seria, pero está ahí. Y hasta hace poco lo único que estaba ahí era
El Otro y Lo Demás. La exigencia en que ha sido educado no le permite no ya
considerar una alternativa a la bondad si no tenerla. Es algo que resquebraja
su espíritu.
Intenta volver. Pasar por alto todo lo que ve. Volver a
dentro. Menospreciarse. Invertir el resultado de notar una influencia.
Y lo consigue. Victoria o muerte. O ambas.
Se hunde y se convierte en un radical de la bondad. Un
fanático. Alguien que se da totalmente. Por todo y en todo. Sin razón o por
cualquiera. Desaparece del mapa existencial. Aunque está en los demás, en todas
partes. Vacío dentro. Y descubre que tiene un solar
gigante. Sin dueño. Sin proyecto. Sin precio. Sin constructor.
Un recipiente vacío a la espera de ser llenado.
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